Brunch en letras de molde

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Por Nicolás Artusi
@sommelierdecafe 

Tres libros consagrados a la mí­stica del desayuno-almuerzo para leer, mirar y copiar los domingos a la mañana.

 Un placer de fin de semana: el subtítulo del libro resume lo que es, para nosotros y para tantos más, el ritual del brunch. El domingo, después de levantarse tarde, libre de los despertadores y de la presión del trabajo, no hay nada mejor que permitirse un delicioso festín a media mañana que, sin saber cómo, se acaba alargando hasta la hora de la comida, escribe la autora Jennifer Donovan en las primeras líneas de Brunch, el libro que compila cuarenta recetas para preparar un festín en el impreciso limbo del desayuno-almuerzo. Entre tapas duras se desparraman las fórmulas irrebatibles para hornear cruasanes con la destreza de un panadero experimentado o para cocinar wafles con plátano caramelizado. Pero un brunch no será un brunch sin huevos. En Las mejores recetas con huevo, un autor escondido detrás del enigmático seudónimo AV declara con certeza: Si tiene huevos en el frigorífico nunca se quedará sin comer. Escalfados, al horno, a baño María, a la florentina, rancheros, a la hortelana o en la consagración máxima del brunch típico: revueltos. ¿El secreto? Fundir la manteca en la sartén, echar la mezcla, separar con una espátula plana de madera, girar la sartén ligeramente y sacar del fuego los huevos cuando están casi hechos pero aún cremosos. Y como toda experiencia reveladora no está completa si no es compartida, en Desayuno para dos el entusiasta periodista inglés Michel Zee compila cien recetas de un cocinero enamorado para preparar desayunos y almuerzos según las distintas costumbres culinarias del planeta, siempre con las raciones suficientes para una pareja: con unas rutilantes fotografías que registran los platos siameses, la simetría perfecta de las dos raciones ofrece el doble de energía para empezar el día.

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