EL BRUNCH | Lo tuyo es puro teatro

Nico Artusi
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Tal vez por su manifiesta afición a la extravagancia, la gente del teatro es pionera en adoptar el brunch como hábito: excéntricos o reconcentrados, vodevilescos o shakespearianos, actores y espectadores manejan sus propios usos y costumbres. «El brunch no tiene normas«ï¿½, escribe Jennifer Donovan en su libro Brunch, un placer de fin de semana: «Puede ser apacible y relajado o animado, dependiendo del humor de los comensales. Vale casi todo, desde la bollería recién hecha y unos huevos con beicon hasta una tortilla de chorizo picante�». En pocas palabras: sobre la mesa, el amplio arco de posibilidades que ofrecen la comedia y el drama de la gastronomía. ¿Acaso lo dulce será cómico y lo salado, dramático? ¿O viceversa? En su revoltijo de ingredientes, el brunch mezcla los géneros y expresa la risa nerviosa que se escapa después de la tragedia. En la década del 30 del siglo pasado, cuando los yanquis empiezan a liberarse de los ajustes de la Gran Depresión, la ciudad de Chicago asombra al paí­s con dos industrias sin chimeneas: la mafia y el brunch. El historiador Evan Jones devela el motivo en su libro American Food: las estrellas de cine, los nuevos ricos o los que quieran aparentar viajan de una costa a la otra para hacerse ver en los estrenos de teatro. No es raro que Mary Pickford, bien conocida como «la novia de América»ï¿½, vaya desde Los Angeles hasta Nueva York solo para asistir a una obrita en Broadway. Ida y vuelta, la escala intermedia del tren es Chicago: el domingo a la mañana, al regreso de una noche de sábado con rumba, los pasajeros hacen una parada en los hoteles cercanos a la estación para alimentarse de comida y chismes. Mezclan huevos revueltos, tostadas francesas, ensaladas de frutas, panes de chocolate, copas de espumante y tazas de café mientras esperan que lleguen los diarios, con las críticas que pueden sellar la suerte de un espectáculo, y miran de reojo a los otros famosos que exageran sus reacciones frente al brunch. Con las bocas llenas de harinas, grasas, mentiras y verdades, dicen por lo bajo: «Lo tuyo es puro teatro«.

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